DEL TATAMI A LA VIDA: POR QUE EL KARATE DO LLEGO A MÍ DESPUES DE LOS 40.
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| "El aprendizaje también está en los momentos entre entrenamiento y silencio" |
NO LLEGUÉ AL KARATE DO BUSCANDO COMPETIR, NI DEMOSTRAR NADA
Llegué como muchos padres: acompañando a mi hijo, esperando en una silla, observando.
Al segundo día, sentado al borde del tatami, mis piernas no se quedaban quietas.
El cuerpo ya había tomado una decisión antes que la mente.
Al día siguiente regresé con algo de temor, pero con propósito.
Desde entonces, el Karate Do se convirtió en un camino de aprendizaje continuo.
Mi Sensei, Luis Castro (Hanshi), se acercó, me miró y dijo algo simple que cambió mi historia:
“Pase al tatami.”
Ese día no combatí. Solo calenté.
UN CAMINO QUE EMPEZÓ ANTES (SIN QUE YO LO SUPIERA)
Mi primer contacto con las artes marciales fue en la infancia, a través del Judo, en Venezuela, en espacios vinculados a la Universidad Central de Venezuela (UCV). Allí aprendí a respetar el tatami, al oponente y, sobre todo, el proceso.
Recuerdo una competencia nacional infantil mixta. Disputaba el combate final por oro y plata contra una oponente de mayor grado. Logré proyectarla y controlarla en el suelo, pero no comprendí completamente la señalización arbitral y solté la técnica antes de tiempo. El combate se reanudó y lo perdí.
Esa experiencia me dejó una enseñanza que hoy sigo transmitiendo:
La técnica sin atención plena y comprensión del contexto no es suficiente.
EMPEZAR A LOS 44 NO ES TARDE, ES CONSCIENTE
Fue a los 44 años cuando inicié de manera sostenida y disciplinada mi práctica en el Karate Do, esta vez no como una actividad circunstancial, sino como un proyecto de vida.
En febrero de 2018 obtuve el grado de Primer Dan, dentro del calendario formal de evaluaciones. No lo viví como una meta alcanzada, sino como el inicio de una nueva etapa: más responsabilidad, más humildad y más compromiso con el aprendizaje.
Porque en el Karate Do, el cinturón no cierra procesos: los abre.
LA PRIMERA COMPETENCIA Y LAS PRIMERAS HUELLAS
Mi primera competencia en Karate Do fue intensa y honesta.
Obtuve medalla de Oro en Kata y Bronce en Kumite, pagando la novatada natural de quien entra a competir siendo adulto.
Fue una lección.
En uno de los combates, sin coach en ese momento, aprendí de forma directa que el kumite no es solo técnica, sino lectura, preparación mental y realidad. Una patada bien colocada dejó mi primera “huella de guerra”.
No fue una derrota.
Y no fue la última huella, ni la última enseñanza.
ENSEÑAR TAMBIÉN ES APRENDER
Mi transición al Karate Do en Colombia fue otro proceso de adaptación. Al comenzar a enseñar, mantuve inicialmente el ritmo e intensidad con los que me había formado. Con el tiempo entendí que enseñar no es replicar, sino adaptar.
He trabajado con alumnos desde los 3 años en adelante, ajustando cargas, intensidad y metodología según:
-
edad
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condiciones físicas
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características antropométricas
-
estilos de aprendizaje (kinestésico, visual y auditivo)
Cada persona aprende distinto.
El Karate Do también debe respetar eso.
EL ALUMNO QUE ME RECORDÓ QUÉ ES EL ESPÍRITU
Durante mi etapa formativa en Venezuela, entrené a un joven de aproximadamente 14 años con dificultades de habla. Era tartamudo, pero tenía algo difícil de explicar: atención, respeto y deseo genuino de aprender.
Antes de su primera competencia amistosa, trabajamos más la mente que la técnica. Le repetí una idea simple:
“En el tatami, el oponente es una persona igual a ti.
El color de la cinta no define tu valor.”
Ni siquiera para el kiai.
Ese día enfrentó a un cinturón negro recién llegado de un torneo centroamericano. El combate terminó empatado y se decidió por Senshu a favor del cinturón negro. Pero el impacto fue otro: mi alumno se demostró que no tenía límites.
Su tartamudez no importó.
Lo que importó fue el Kimoshi: el espíritu.
KOKKYO NASHI: SIN FRONTERAS
De todo este recorrido nace Kokkyo Nashi, una escuela y una metodología inspirada en el Karate Do tradicional, enfocada no solo en formar competidores, sino personas.
Aquí el Karate es:
-
disciplina
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conciencia corporal
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fortaleza emocional
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respeto
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y herramienta de vida
Porque el tatami no termina en el dojo.
Se extiende a la vida diaria.
Y este camino, lejos de culminar, apenas comienza.
“Si estás pensando en iniciar Karate Do, sin importar la edad,
este dojo también es para ti.” 🥋.

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